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Se trata de verificar la efectividad de la remisión de las psicosis. El asunto, de gran importancia clínica y forense, a veces se torna difícil cuando los pacientes adquieren la necesaria habilidad para percatarse del valor que el médico da al reconocimiento, por parte de ellos, de haber estado enfermos, y a la crítica objetiva de la experiencia vivida durante el período de enfermedad. A fin de obviar tales dificultades, los autores proponen el método que consiste en provocar la “seminarcosis” mediante la inyección de Evipán sódico disuelto en 10 c. c., o más, de agua. La inyección dura 1 hora y los efectos óptimos se logran después de 1 hora y cuarto. Se evita que el enfermo duerma, prolongándose la operación narcodiagnóstica, como término mínimo, 3 horas y 45 minutos. Como carácter diferencial del narcoanálisis habitual, existe por añadidura el hecho de que el médico, además de no tomar la actitud de hipnotizador, inyecta la substancia mucho más lentamente (cinco veces más lentamente), hasta obtener un estado en que a la seminarcosis se mezcla la fatiga Los autores presentan 16 casos clínicos, en su mayoría de esquizofrénicos paranoides. En muchos de ellos han conseguido poner en descubierto vivencias patológicas, alucinaciones, ideas delirantes, etc., que aparentemente habían desaparecido, siendo así que en dos enfermos existía encubierto el propósito firme de cometer homicidio. A continuación plantean el problema de si es que el método consiste en quitar el freno a la represión o, por el contrario, se debe a una reactivación de desórdenes latentes, contestando como sigue: a) En la mayoría de los casos de esquizofrenia, es una reactivación del proceso, por persistir todavía cierta fragilidad psicopatológica dependiente de una recuperación incompleta; b) En las psicosis alcohólicas celotípicas y perversiones sexuales, la disimulación es la regla; c) En la parálisis general estacionaria y en algunos esquizofrénicos, no se puede excluir la disimulación, por lo menos