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El autor presenta dos observaciones de enfermas en las que los síntomas esquizofrénicos y epilépticos se mezclan, y vuelve a tratar la interesante cuestión de las interferencias esquizoepilépticas, asunto que ya había enfocado en una publicación anterior (Esquizofrenias paranoides, Edit. Servet), en la cual intentaba una interpretación epiléptica de la esquizofrenia. Para él, la diferencia fundamental entre las dos enfermedades radicaría en un tempo distinto, es decir, en la epilepsia ocurriría en minutos lo que en la esquizofrenia costaría meses o años. El humor delirante anunciando lo terrible y catastrófico que precede al proceso esquizofrénico, y que puede durar años, correspondería a la forma abreviadísima del aura comicial; seguiría el ataque, que en la esquizofrenia tendría varios equivalentes (una interceptación o una explosión hebefrénica o catatónica); en uno y otro caso puede interrumpirse aquí la sintomatología psicótica: ha terminado el ataque o el brote, pero en ambos se puede prolongar, por un estado crepuscular en la epilepsia y por un proceso en marcha en la esquizofrenia. También se refiere el autor a la semejanza entre los estados crepusculares epilépticos y la esquizofrenia, así como a los mal llamados estados demenciales de ambas enfermedades, con toda la problemática del concepto.
Es interesante notar cómo el autor, persiguiendo una finalidad de delimitar cuadros nosológicos, llega sobre el parentesco entre epilepsia y esquizofrenia a conclusiones muy