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El presente artículo consta de la comunicación de un solo caso, pero dada la objetividad con que es presentado y los resultados obtenidos, merece leerse.
El autor empieza llamando la atención sobre el escepticismo de los médicos en general con respecto a los trastornos psicogenéticos de la piel, en particular los producidos bajo la hipnosis. Cree por eso que las experiencias deben ser controladas y no dejar lugar a dudas. El enfermo era un soldado de 27 años con una amaurosis histérica consecutiva a una explosión de granada. Ya en la primera sesión, al cabo de 20 minutos de sueño hipnótico recuperó la visión. En la segunda, el autor sugirió al enfermo la aparición de una quemadura en el dorso de una de las manos. Tocando levemente el mencionado sitio con un objeto metálico a la temperatura ambiente, el enfermo experimentó gran dolor. Poco después se formaba allí una vesícula que tomó las características de una quemadura de segundo grado. Otro día, bajo el sueño hipnótico, hizo la sugestión de que 24 horas después el paciente presentaría pequeñas lesiones en el labio, como si hubiera padecido de alguna enfermedad febril. Al día siguiente, el enfermo presentaba pequeñas vesículas, una central y otras satélites, en el labio inferior, y a pesar del aspecto francamente herpetiforme, fué solicitado el dermatólogo del hospital, quien, completamente ajeno al asunto, diagnosticó herpes simple.
Las experiencias fueron presenciadas por otros médicos de hospital. El paciente presentaba una completa amnesia de los hechos ocurridos en las sesiones, y en el intervalo de las mismas era vigilado para que no hubiera posibilidad de automutilaciones u otras causas de error.
Danilo Perestrello.