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El judío religioso sólo debe comer entre los mamíferos aquellos que son rumiantes y tienen la pezuña hendida; de los peces, a los que poseen aletas y escamas (Levítico, X, 11). La prohibición de otros animales debe de provenir de las limitaciones orales que impone el totemismo, aunque en la religión judía ocurre el hecho paradójico de que el animal totémico es el que puede ser comido.
Como Abraham demostró, el sacerdote, en oración, con los dedos de la mano separados en dos grupos, imita la pezuña hendida del animal totémico. Pero, ¿por qué la elección de estos animales? Según la autora habría un desplazamiento para enmascarar el hecho de que ellos sean los únicos, entre los mamíferos, que poseen cuernos, o sea, atributos de simbolismo fálico. Parece confirmarlo también el que sean permitidos únicamente los peces capaces de desarrollar sustancias córneas, como aletas y escamas.
Las cajitas de los filacterios, que el judío se coloca durante sus rezos, representan los cuernos del animal, de los cuales uno se ha desplazado de la cabeza al brazo. Las correas de los filacterios sustituyen la piel del animal.
Si la única ingestión permitida es la del animal totémico, se comprenden todos los rituales celebrados para matarlo, por significar esta muerte la del padre. Por ejemplo, la operación que procura el desangramiento más completo del animal, con lo que se elimina el líquido que para los hebreos contiene la personalidad del muerto, su fuerza vital: “La sangre es el alma, y no has de comer el alma juntamente con su carne” (Deuteronomio, XII, 23).
La carne y sus derivados no deben unirse con la leche o sus productos, lo cual provendría de la frase bíblica: “No cocerás el cabrito en la leche de su madre.” Porque, al comer el carnero, hay una identificación del sujeto con el animal totémico, o sea el padre; si se pone después en contacto con la leche, o sea la madre, se realizaría un incesto. Puede también significar la prohibición para el padre de devorar a sus hijos.
La autora