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Iniciamos este número con la reproducción fotográfica de dos esculturas de Freud. La primera fué realizada en nuestro país por la escultora Noemí Gerstein. La segunda obra del escultor yugoslavo Olem Nemon, fué obsequiada a la Sociedad e Instituto Psicoanalítico de Nueva York por un donante anónimo que sintió que tenía una profunda deuda de gratitud para con los Estados Unidos y Freud.
La escultura que figura en segundo lugar tiene una interesante historia referida por Paul Federn en la forma que transcribimos del “Psychoanalitic Quarterly”, Vol. XVI-4-1947.
”A Freud no le gustaba posar como modelo. Se resistía a los amigos y parientes que deseaban intensamente tener un retrato suyo. La excusa para su rechazo era que sus fotografías eran excelentes mientras que la pintura o escultura insumía demasiado tiempo y el resultado era problemático. Dos veces le presenté jóvenes pintores que demostraban originalidad y agudeza, pero mientras trabajaban se hallaban confundidos y no eran capaces de captar la personalidad de Freud. Por lo tanto fué con las hesitaciones de un diplomático que me aproximé una vez más a Freud, antes de que cumpliera sus setenta y cinco años con el muy joven, pero ya renombrado, escultor Olem Nemon. Después de presentar el artista a Freud en el jardín de su casa de verano en Poetzleinsdorf, un suburbio de Viena, le dejamos solo para que mostrara al profesor una colección de fotografías de sus trabajos. Freud inmediatamente se interesó por lo que Nemon tenía que decirle y le gustó la originalidad de sus trabajos así como su personalidad. El trabajo comenzó al día siguiente. Nemon dejó Viena con sus esbozos realizados y retornó a Bruselas. Después de seis meses había terminado tres bustos: uno tallado en madera, uno esculpido en piedra y uno fundido en bronce. Los miembros de la Sociedad Psicoanah'tica Vienesa, y también los amigos y parientes, fueron invitados a ver el busto y a votar por cuál debía escogerse. El resultado fué un empate y se decidió dej