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La actividad fonogénica es a menudo un llamado sexual: el croar de las ranas, muy probablemente el crujido de las langostas y con seguridad el “canto” de los grillos (Regen), el ruido de matraca de ciertas mariposas (Peter), el son estridente del Crioceris del lino, las vibraciones de las antenas de los mosquitos, corresponden a esa manifestación: conocemos qué papel desempeña para su acoplamiento el canto de los pájaros; algunas luchas más o menos serias, movimientos especiales de palpar (tritones), paseos en pareja (escorpiones), de baile (gallos salvajes, ciertas arañas), saludos (reverencia de las palomas, el abrirse la cola del pavo real), los vuelos de expectativa (Pérez) de ciertos insectos (tales como los sirfidos que se detienen sobre las flores, como “para admirarlas”, decía Plateau), etc., son preludios del acto sexual.
Igualmente se ha podido demostrar en una anélida fosforescente cómo el macho es atraído por la luminosidad de la hembra, atracción que se ejerce también en los Lampiros donde el macho es alado y la hembra (gusano luminoso) es áptera. El papel de los llamados luminosos como preludio necesario y suficiente del acoplamiento, ha sido establecido particularmente en ciertos lampíridos americanos (Mast. 1912, Mc.Dermott). Existen peces de profundidad que llevan aparatos luminosos en el lomo o los flancos (en los cuales [los dibujos trazados por esta iluminación] deben servir para reconocer los sexos). Las secreciones olorosas, en particular, las secreciones anales de los Himenópteos, de ciertos Vivérridos (gato de Algalia), o de los ciervos (almizcle), las emanaciones olorosas de las bolsas de las alas, o de los copetes y escamas abdominales de ciertas mariposas machos (Danais) tienen seguramente el mismo papel sexual.
En un himenóptero de Chile, el P. Janvier, puso en evidencia la actuación de las emanaciones olorosas (que provienen de las antenas) al mismo tiempo que una conducta de llamado sexual muy particular: al alba, las hembras ápteras del