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“Su destino nos rebela porque pudo haber sido nuestro, ya que, al nacer, el oráculo pronunció contra nosotros esa misma maldición.”
En su Interpretación de los sueños, Freud nos ha dado, a título de ilustración literaria de sus descubrimientos sobre el complejo de Edipo, una explicación analítica del Edipo Rey, de Sófocles. Esta interpretación es tan clara y evidente que parece inútil volver sobre ella: la raíz profunda del interés que la humanidad ha dado a la obra de Sófocles reside en la generalidad del complejo de Edipo, en las resonancias que despierta en nosotros —el drama se desarrolla a la manera de un psicoanálisis por revelación progresiva del héroe a sí mismo—; el tema tiene la significación de un sueño muy típico y debe ser interpretado en ese sentido.
No entraba en la intención de Freud profundizar sobre esta interpretación, pero merece ser desarrollada por ella misma: llevada más adelante nos demuestra que la obra de Sófocles ilustra no solamente el complejo de Edipo, sino también muchos mecanismos descubiertos ulteriormente por la psicología analítica. Más aún, si se la examina con atención, la trilogía de Sófocles permanece absolutamente incomprensible para una psicología no analítica. Un sinnúmero de contradicciones y debilidades aparecen en la psicología de Sófocles, que no se aclaran y no toman su verdadero valor sino a la luz de la nueva psicología. Estas contradicciones y debilidades, han sido destacadas por los críticos literarios, sin darles explicación, atribuyéndoles por causa ya omisiones del autor, ya necesidades escénicas. Y, por lo tanto, el espectador y el lector desprevenidos no observan estas contradicciones: ellas no existen sino a los ojos de un crítico iluminado por una