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La victoria sobre el padre, en cualquiera de las múltiples formas en que puede ser representada, constituye uno de los temas principales —en realidad, casi podríamos considerarlo el principal— del mito y de la leyenda. Esto es bastante comprensible porque la superación del padre es normalmente el fin y el deseo del hijo y, en realidad, su destino señalado.
Comparado con este tema universal, el asesinato de la madre es suficientemente raro —al menos en la mitología griega— para decidir a investigar por qué ocurre y qué puede significar, ya que es menos explicable en su aspecto que el derrocamiento del padre. Y en cuanto se refiere a la mitología griega, se destaca que el asesinato de la madre se atribuye a una figura que sobrepasa a Edipo como personaje central del drama griego, el cual ha sido llamado efectivamente (por Gilbert Murray) el héroe trágico más típico (1).
Esta figura es Orestes, quien, como Hamlet, volvió del extranjero para matar al asesino de su padre y amante —convertido en marido— de su madre; al “insidioso Egisto”; pero que, a diferencia del Hamlet, no sufrió las paralizantes dudas y vacilaciones que dominaban tan profundamente al héroe danés. También a diferencia de éste, cumplió su justa venganza asesinando a su madre, Clitemnestra (2). Sin embargo, en este punto debemos preguntarnos si la diferencia de Hamlet no es más aparente que real. Debe