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En el curso de este trabajo parecerá a veces que intentamos demostrar que lo sucio no existe. Éste no es nuestro propósito ni nuestra finalidad: pero sí lo es el describir el sistema complejo de fantasías que se ocultan tras la realidad del concepto de suciedad y que se manifiestan tanto en la estructura de las neurosis, como en numerosos y significativos aspectos de la vida humana adulta. Sin embargo, en verdad, no reconocemos diferencias “innatas” o inherentes entre limpio y sucio, ya sea en las bases fundamentales de color, forma, olor, utilidad, desgaste o en cualquier otra combinación (1). En cambio, consideramos el concepto de lo sucio más bien como una consecuencia de un juicio emotivo que es impuesto al yo del niño durante su desarrollo por los que lo rodean. Además, se comprueba que se halla plagado con un sorprendente conjunto de conflictuales y fantásticas repercusiones. No es necesario afirmar explícitamente lo que aparece con mucha claridad, a saber: que en el concepto de lo sucio existe un núcleo de pragmática realidad, pero que debido a los inconscientes esguinces y elaboraciones de este concepto, los componentes imaginarios desempeñan un papel mucho más significativo en la vida diaria que él que desempeña este núcleo real. Por consiguiente, se justifica que se acentúe este aspecto del problema escribiendo sobre la fantasía más bien que sobre la realidad de lo sucio.
Es generalmente aceptado que las fantasías inconscientes que se agrupan alrededor de una realidad tienen mayor significado que la misma realidad, pero parece que el psicoanálisis se ha guiado por este principio de manera más constante cuando trata del concepto de mutilación que cuando lo hace