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El psicoanálisis originó un procedimiento terapéutico, y en la actualidad. subsiste principalmente como tal. Por tanto, puede sorprendernos la proporción relativamente pequeña de literatura psicoanalítica referente a los mecanismos por los que se llevan a cabo sus efectos terapéuticos. En el curso de los últimos treinta o cuarenta años se han acumulado gran cantidad de datos que aclaran el conocimiento de la naturaleza y dinamismos de la mente humana; se ha progresado perceptiblemente en la tarea de clasificar e incluir tales datos en un cuerpo de hipótesis generalizadas o leyes científicas. Pero surgieron muchas dudas en la aplicación de estos hallazgos al proceso terapéutico mismo. Creo que esta duda es la responsable de que tantas discusiones sobre detalles prácticos de técnica analítica parezcan conducirnos a resultados sin concordancia y a un final inconcluyente. ¿Cómo podemos esperar un acuerdo sobre el debatido problema de si hay o no que hacer una “interpretación profunda” y cuándo debe efectuarse, si no tenemos una idea concreta de qué queremos decir con “interpretación profunda” ni hemos formulado exactamente el concepto de “interpretación” ni sabemos con precisión el efecto que tiene ésta sobre nuestros pacientes? Creo que ganaríamos mucho con una comprensión más clara de problemas como el presentado. Si pudiéramos llegar a un entendimiento más detallado de la dinámica del proceso terapéutico, nos encontraríamos menos propensos a ese sentimiento ocasional de completa desorientación, del que pocos