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Freud inició el psicoanálisis de los escritores con su observación sobre Hamlet, contenida en la Interpretación de los sueños. En 1908, otro de sus artículos trata de la relación del poeta con los sueños diurnos. Contribuciones posteriores importantes fueron las de Rank, H. Sachs, Brill. El autor se ha ocupado también repetidas veces de este tema y ha llegado a conclusiones importantes: 1a, el escritor no expone sus deseos y fantasías inconscientes, sino la defensa contra ellos; 2a, no es un exhibicionista, sino un “mirón” que utiliza el exhibicionismo como defensa; 3a, la oralidad en él es importante, pero no con el deseo de recibir, sino con el de hacerse independiente oralmente, identificándose con una madre generosa, para poder agredirla y eliminarla; 4a, el elemento básico es la oralidad y no el complejo de Edipo; 5a, con esta aproximación clínica, pueden asegurarse resultados terapéuticos.
Así, Stendhal describe claramente sus deseos genitales hacia su madre, como defensa inconsciente de su homosexualidad frente al padre. (Sin embargo, se podría objetar que dicho escritor expone también este último contenido, ya que el autor ha sabido interpretarlo.) Bergler cita otros casos más de escritores, por él psicoanalizados, en que surgen en sus obras los mecanismos de defensa, siendo sustituidos los unos por otros cuando no actúan adecuadamente.
Al revés de lo que se cree corrientemente, el escritor, como los neuróticos orales, no desea recibir, sino sufrir un desengaño. Actúan de un modo que el autor designa como mecanismo de oralidad: 1ọ, provocan inconscientemente un desengaño; 2ọ, se vuelven agresivos; 3ọ, se autocompadecen, disfrutando de su masoquismo. Crean la fantasía autárquica, para hacerse independientes de la madre y salvar la creencia infantil en su omnipotencia.
Oscilan entre recibir y ser independientes, como defensa de una unión masoquística. En ellos existe una identificación entre leche y palabras; dando palabras hermosas, sustituyen a la madre.
El reci