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El autor intenta estudiar psicoanalíticamente tres rasgos de carácter japoneses que resultan asombrosos: la preferencia del suicidio o la rendición, la crueldad especial y el peculiar Concepto de sinceridad.
El niño japonés es muy bien tratado mientras es el más joven, permitiéndosele amplias satisfacciones orales. Esto cesa bruscamente con el nacimiento de un hermano. Las consecuencias del choque intenso del destete pueden verse, por ejemplo, en la costumbre japonesa de comer rápidamente y sin placer.
Luego, al niño japonés no se le controla la agresión hasta que entra en la escuela, donde es frustrado, aunque los datos que a este respecto cita el autor no son muy convincentes. La consecuencia es el desarrollo de un carácter neurótico obsesivo, con masoquismo y presencia de rituales. Por ello prefiere el suicidio a la cautividad; en la última viviría mejor, lo que no se tolera, ni tampoco la separación de las costumbres establecidas en la sociedad japonesa.
La agresión latente del japonés se demuestra por la intensidad de su culto a los antepasados. Fué aumentada al introducirse en el país las costumbres occidentales de culto fálico,