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Es el caso de un niño de cuatro años que empezó a interesarse, besándolos y acariciándolos, por los zapatos de las amigas de la madre. Lo mismo hizo con los zapatos del autor, que practicó un examen psicológico del niño, en conversaciones corrientes. Halló un intenso temor a la castración, reforzado por operaciones de fimosis y amigdalectomía a los dos y tres años. El zapato tenía el significado del pene paterno. Atribuir un pene a la madre era en parte una identificación del niño con ella, pero también librarse del peligro de la castración. Negando una vagina a la madre podía seguir persistiendo el triángulo feliz del padre, madre y niño.
Garma.