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“El hombre primitivo considera inconscientemente el mundo que le rodea como un segundo vientre materno. Esta percepción inconsciente proviene de experiencias de la vida intrauterina.” Así lo demuestra el autor con casos etnológicos, como el ser el templo chino representante del universo. Esto significa qué las concepciones acerca de este último provienen del aspecto de los edificios, y éste, a su vez, del de la mujer tal como se la representa el individuo.
De igual modo, las cuevas, que el hombre primitivo llenaba de espíritus o que le servían de morada, le llamaban la atención por suponerle los órganos genitales maternos. La inhibición del deseo de disfrutar completamente del vientre materno pudo impulsar al hombre a una vida nómada, mientras que un refuerzo de tal deseo, por retorno de lo reprimido, le impulsó a asentarse en algún lugar especial de la madre-tierra.
Garma.