You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
A principios de este año falleció en Nueva York el doctor Abraham A. Brill. Con él desaparece otra de las grandes figuras del movimiento psicoanalítico internacional y el Néstor del psicoanálisis en América. Él y Smith Ely Jelliffe cuyo fallecimiento lamentamos hace apenas dos años, fueron los introductores del psicoanálisis en Estados Unidos, correspondiendo a Brill el mérito inestimable de haber sido el traductor al inglés de las obras básicas de Freud. Todos los escritos de Freud editados hace algunos años en un volumen imponente por la Modern Library, fueron, en efecto, traducidos por Brill, y el hecho de que esta versión lúcida y elegante estuviera a disposición de los médicos estadounidenses desde hace muchísimos años, contribuyó, sin duda, en mucho, a facilitar la introducción del psicoanálisis en el nuevo continente.
Brill comenzó su carrera psiquiátrica en 1903, estando, en un principio, bajo las directivas del doctor Adolf Meier, justamente apodado el padre de la psiquiatría americana moderna. En un principio hizo psiquiatría clásica en lincamientos kraepelinianos, trabajando, al mismo tiempo, como patólogo y bacteriólogo del New York State Hospital. Pero ya entonces empezó a interesarse por la psicoterapia, según su propia confesión, en última instancia, porque había encontrado a la que después iba a ser su esposa y necesitaba urgentemente adquirir conocimientos que le permitirían abrir un consultorio. En 1907 fué por primera vez a Europa para beneficiarse en París con las enseñanzas de los discípulos de Charcot. Entró en el servicio de Pierre Marie quien le sugirió que estudiase un caso de acromegalia con convulsiones, lo que no satisfizo exactamente las intenciones del joven estudioso. Oyó, sin embargo, en esta época, por primera vez hablar de Freud, al charlar con un teniente de artillería austríaco quien le recomendó que estudiara con el creador del psicoanálisis con estas sabias palabras: “Debe ser alguien, si no, no tendría tanto opositores.”
Con todo