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En su interesante Libro sobre el ello, Georg Groddeck hace notar el fenómeno frecuentemente observado de que “muchas mujeres que han estado separadas de sus maridos un largo tiempo, inician su período menstrual”, el día en que vuelven a unirse con ellos. Da después la explicación de tal hecho: primero, que el flujo menstrual es afrodisíaco para el hombre; segundo, que es un testimonio de parte de la mujer, de su fidelidad (“Mira —dice ella— si ahora tengo un niño, tiene que ser tuyo: estaba con la menstruación cuando tú llegaste, por lo tanto, no puedo haber estado encinta antes”); tercero, es una defensa contra el rechazo, esto es, que si el hombre no es atraído sexualmente, como ella lo espera y desea, tiene la mejor de las excusas para ofrecer a su vanidad ofendida. “Si el abrazo es ardiente, todo anda bien, tanto más cuanto que la prohibición de la costumbre ha sido desafiada, y si éste no ocurre se dirá que la costumbre lo prohibe.”
Los psicoanalistas clínicos, que tienen ocasiones tan frecuentes de observar este fenómeno, desearán agregar a estos factores determinantes, los siguientes 1) la hostilidad de parte de la mujer hacia el marido; 2) su deseo de estorbar o evitar el coito (1); 3) el autocastigo simbólico punitivo por su deseo inconsciente de castrar al marido. Estas situaciones son justificadas por las fantasías de que es él quien la ha castrado (en lugar de lo inverso) y de que el acto sexual es un hecho sangriento y seudosádico.