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Siendo la ansiedad la piedra angular de tantas teorías psicoanalíticas, el aclarar su concepto será quizás más necesario que el hacerlo con otro tema cualquiera. Todos los psicoanalistas, incluso el mismo Freud, han rondado incesantemente alrededor del asunto por esta razón: para poner a prueba sus teorías confrontándolas con ella, y a la vez para poner a prueba la ansiedad frente a cada hecho nuevo que se descubre. Sabemos clínicamente que la ansiedad es el síntoma manifiesto más obstinado, que persiste a pesar de los análisis más profundos. O puede, igualmente, ser superficial, cediendo fácil y rápidamente a las interpretaciones analíticas. Además, clínicamente chocamos con la ansiedad como fuerza ciega inconsciente, constituyendo en esa forma un problema casi ineludible. No se puede ver claramente por qué la ansiedad, como fuente inconsciente de energía, se convierte a veces en distintas formas enmascaradas de expresión, que pueden ser en sí mismas serias o enfermizas, y por qué en otras ocasiones hace irrupción en francas manifestaciones de temor sintomático. Todo esto ha conducido a muchas especulaciones y formulaciones acerca de las diferentes formas de ansiedad y de los problemas que presenta. Estas formulaciones abarcan una extensa variedad de posibilidades: las posibles predisposiciones variadas individuales para la ansiedad: la posible estructuración gradual de ansiedad crónica, como si el estado ansioso pudiera llegar a ser un fósil petrificado en el sistema nervioso a medida que transcurren décadas de una vida cargada de ansiedad; la influencia posible de un estadio de evolución psicológica e instintiva del individuo en la cual la ansiedad