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Los autores, él sociólogo, ella psiquíatra de escuela psicoanalítica, enfocan en colaboración el problema más importante de nuestra época,
la infelicidad de la mayoría de los hombres a pesar de todos los progresos alcanzados, es el mismo problema, visto de ángulo algo distinto, que Freud discute en El malestar en la cultura. Aportando material histórico y estadístico abundante (casi demasiado abundante, distrayendo y cansando algo la atención del lector no acostumbrado) comprueban su concepto de las causas de esta infelicidad: Las madres de los últimos siglos, eran y siguen siéndolo, mujeres a menudo frígidas e insatisfechas con su papel femenino. El psicoanálisis que recalcó desde un principio la importancia de la influencia de los padres sobre el desarrollo normal del niño, últimamente llegó a comprobar cada vez más, la importancia primordial de la madre para la evolución infantil. Por eso se justifica, derivar la frecuencia de las neurosis, en general, de la influencia de madres neuróticas sobre sus hijos.
Los autores explican históricamente el porqué de esta creciente insatisfacción de las mujeres, según ellos el proceso pernicioso empezó con los descubrimientos de Copírnico, de que nuestra tierra no está en el centro del sistema solar; así privó al hombre de su época y los siglos posteriores de su concepto, de estar en el centro del universo y ser la criatura de Dios, El hombre, angustiado y tambaleante en su autoestima, tuvo que buscarse nuevos valores como apoyo de su yo y creyó encontrarlos en la “revolución industrial”, dedicándose siempre más y más a conquistas económicas y científicas. Sin darse cuenta destruyó así su hogar y alteró la relación entre los sexos. Hasta entonces, según los autores, las mujeres europeas tenían, si no de jure, de jacto, los mismos derechos que los hombres. Además vivían una vida satisfactoria para sus instintos y su yo. La mayoría de los hombres trabajaba en sus hogares, ayudados por las mujeres y los hijos desde muy temprano