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El problema de la ambivalencia, que tanta importancia adquiere en el desarrollo de la neurosis obsesiva, difícilmente puede explicarse sin tomar en cuenta las conexiones entrelazadas que unen a la fase oral con la anal.
El análisis de diferentes pacientes, lleva al autor a la conclusión de que durante la fase oral, la alimentación puede ser vivenciada como una agresión materna, con la sensación de haber sido pasivamente atravesado o agujereado. Esta situación se repite en la fase anal, aceptando el sujeto, pasivamente, ser nuevamente agredido; pero, simultáneamente lucha activamente contra este sometimiento pasivo, desarrollando una formación reactiva como diciendo: “no soy pasivo, soy terriblemente agresivo”, y como esta posición se torna también intolerable para él, se ve obligado nuevamente al retorno a la pasividad.