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Este artículo trata esencialmente dos tipos de problemas: 1ọ, cómo modificar la técnica psicoanalítica en la situación individual analista-psicótico; 2ọ, cómo adaptar un ambiente psicoanalítico en la situación colectiva planteada
entre los psicóticos internados y el equipo terapéutico del hospital. Fromm-Reichmann formula dichas contingencias y señala cómo se han solucionado hasta el presente. Para ello utiliza su propia experiencia, obtenida en el Chestnut Lodge Sanatorium y la recogida en los demás hospitales psicoanalíticos de los Estados Unidos.
La primera pregunta se hace con respecto al grado de libertad que resulta beneficioso otorgar al enfermo; el dilema en este caso debe resolverse entre el peligro de incurrir en reglamentaciones que reediten, frente al psicótico, las traumáticas experiencias infantiles de coerción y frustración y el no incurrir en el error de darle una independencia que le resulte demasiado grande, ya que este tipo de paciente necesita ser apoyado y dirigido, como lo demuestra el alivio que sigue a la internación, que es de por sí, una restricción de la libertad. La solución estaría en la dosificación para cada caso, del permiso y prohibición, haciéndole ver claramente al enfermo el carácter protector de esta última.
Lo dicho para la regulación de la libertad, puede aplicarse respecto a la cantidad de afecto que el enfermo puede elaborar provechosamente, a fin de que ésta no sea excesiva y le turbe o despierte recelo, ni que por ser escasa, rememore traumas infantiles. También es preciso tener en cuenta lo que podríamos llamar la calidad del afecto, prescindiendo de aquellas medidas superficiales de gratificación (tales como palmear paternalmente al enfermo o ser optimistas en la evolución sin darle pruebas) y también abstenerse de elogiar frivolamente sus aptitudes u obras; a veces resulta útil valorar críticamente al enfermo y a continuación señalarle que uno tiene confianza en que va a poder hacerlo mejor en el futuro.
Frente al psicóti