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Es relativamente poco lo que se ha publicado con respecto al psicoanálisis del coito. Reich y Bergler se han referido extensamente a la psicología del orgasmo y han dado criterios útiles para la valoración de su normalidad.
Durante la relación sexual, todos los niveles del desarrollo psicológico son reexperimentados y este recorrido psicológico es tolerado sin conflicto, si el acto sexual es ampliamente satisfactorio. La relación sexual puede ser interpretada como el trabajo armónico de la pasividad y de la actividad, tanto en el hombre como en la mujer; el coito combina los impulsos de amar y de ser amado, de dar y de recibir, de asumir responsabilidad por otra persona y de abandonarse sin restricciones a la satisfacción narcicista de aceptar agresión y expresar agresión.
Reich corrigió el concepto erróneo que consideraba a cualquier tipo de potencia orgástica como un criterio de normalidad. Sin embargo, el autor de este artículo considera que su hipótesis en cuanto al valor etiológico de las toxinas acumuladas en el organismo a consecuencia de un orgasmo incompleto, es insostenible, y está de acuerdo con Fenichel, quien sostiene que el disturbio de la función sexual es la expresión de una psiconeurosis subyacente. La impotencia, el vaginismo y la frigidez, serían síntomas de conversión de conflictos inconscientes y el acto sexual estaría expresando una sexualidad infantil estrechamente relacionada al peligro de castración y a la pérdida de objeto. Probablemente estos mecanismos inconscientes están presentes tanto en las personas normales como en los piconeuróticos. Ferenczi sostiene que la función genital normal requiere la sinergia de las inervaciones uretrales y anales. Roheim agrega que la intervención de la zona oral está implícita en la hipótesis de Ferenczi y establece además que el orgasmo es el reencuentro del primer placer extrauterino, la unión de la madre y el niño en el acto de amamantar y de mamar. Lorenz ha señalado también la significación