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El autor opone a la afirmación de Kardiner de que si se permitiera a los niños la vida sexual, no padecerían el complejo de Edipo, las investigaciones realizadas por Elwin entre los baiga, tribu de la India Central. Si como Kardiner expresa, el complejo de Edipo es el resultado de la ansiedad que surge como consecuencia de un mecanismo represor, es decir, “señala la presión creada en el hombre por ciertas formas de restricción del impulso sexual”, en sujetos librados desde sus primeros años a las satisfacciones instintivas, éste no debiera existir. No ocurre así entre los baiga, a pesar de que gozan de amplia libertad sexual desde la infancia, se casan sólo por amor y son espontáneos y felices, pues viven libres.
No obstante esta vida libre de restricciones, se observan tanto en el folklore popular como en los sueños recogidos por el autor, expresiones de angustia de castración como consecuencia inmediata del complejo de Edipo. Relata la leyenda de “Nanga Baiga”, ancestro de los baiga, que guarda gran parecido con la teoría de la horda primitiva de Freud, diferenciándose en que el padre no es matado por los hijos, sino por una deidad celosa que había concedido a Nanga Baiga los poderes de que gozaba y que impide que los hijos, cumpliendo la voluntad del padre, se coman su cadáver; sólo un hijo logra tragar la bocanada del vaho que produce un trozo del cadáver y, se convierte en el primer mago.
Todo el mito constituye la expresión de las tensiones instintivas relacionadas con el complejo de Edipo. A continuación menciona una serie de sueños vinculados también con el complejo de Edipo y el temor a la castración.
El autor señala que Elwin los interpreta como el resultado de una excesiva vida sexual, que provoca el temor de no hallarse sexualmente adecuado, pero que este exceso expresa ya ansiedad, con respecto a la potencia sexual.
Matilde W. de Rascovsky.