You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El presente estudio ensaya una consideración sobre la dicotomía que representa el prejuicio más arraigado a través del patrón de la conducta socialcultural actual del hombre, es decir, la dicotomía entre el hombre y la mujer. El autor toma los elementos para su tesis, de su activa participación a través de varios años en el grupo de investigaciones filoanalíticas del doctor Trigant Burrow.
Considera que desde el punto de vista filobiológico, el espacio fundamental o división en los procesos humanos exige una distorsión dentro de su sentimiento primario. El hombre engañado por los procesos simbólicos mismos, que han agrandado tanto sus posibilidades de adaptación mental y de comunicación, ha llegado ahora a mentalizar las necesidades más profundas y espontáneas de su organismo. El individuo maneja inconscientemente empatias básicas, de un modo que resulta ser puramente proyectivo y por intermedio de este mecanismo, crea una división inevitable entre sí y los demás. En la esfera del sexo esto involucra la sustitución simbólica de afectos. Como consecuencia, el sexo se ha introducido en grado sumo en “la cabeza” del hombre y ha retrocedido del mismo modo, de sus centros funcionales instintivos más básicos, llegando a ser una reacción simbólica, que es puramente parcial y periférica. El sexo, ha perdido en su mayor parte los objetivos biológicos de revitalización y perpetuación de la especie. Para el autor esta “encefalización” artificial del sexo, explica muchas crueles inadvertencias de la conducta humana.
Más adelante se refiere a la evidencia de la unidad de los sexos, indicando que ella se puede reunir en muchos campos de investigación, y señalando que la condición presente de separación entre los sexos es secundaria y superficial, más que primaria e intrínseca. Considera qué sugerencias de una base unitaria del sexo están expresadas a través del primitivo folklore, refiriéndose luego a los términos alegóricos de El Banquete de Platón y terminando con numerosos ejemp