You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El autor ve el problema cardinal de la terapéutica, en la modificación del yo y expone en este trabajo cinco observaciones relacionadas con el problema de cómo el yo llega a librarse, relativamente, de la angustia. Dichas observaciones sólo pretenden completar lo que al respecto ya se ha descubierto.
Uno de los factores que refuerzan el yo, y que constituye un importante agente terapéutico, es la experiencia, que el enfermo adquiere en el curso del análisis, de que los deseos inconscientes revelados por el tratamiento, no lo convierten en un perverso. El temor de que ello suceda se debe a la ecuación pensamiento=acto, sostenida por el yo inconsciente.
La labor realizada en común por el enfermo y el analista, en y sobre el “fantasma”, el inconsciente, es interpretada inconscientemente como una actuación sexual en común. Sólo esta actuación en común confiere al paciente la convicción de la tolerancia del analista hacia los impulsos instintivos. La sola palabra del analista no bastaría a tal efecto. Esta prueba de la realidad de la tolerancia adquirida gracias a la participación de la figura paterna en una actuación sexual en común, representa un importante factor terapéutico.
La perseverancia con que el analista insiste en sus interpretaciones favorece la proyección del superyó severo del enfermo sobre el analista y el paciente toma nota inconscientemente de esta actitud perseverante, aprovechándola en un sentido positivo: si hasta el superyó severo permite la sexualidad normal, ésta debe ser realmente permitida. En este sentido, la perseverancia del analista constituye otro agente terapéutico.
El paciente proyecta sobre el analista ambas partes de su superyó: el ideal del yo y el “demonio” (la instancia prohibidora). De tal manera, el analista llega a ser objeto de amor y objeto de angustia. El progreso terapéutico consiste en que la proyección del “demonio” disminuya a favor del yo ideal, o sea que la identificación por defensa contra la angustia, ceda en favor de la “r