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Apoyándose en un escrito de hace doscientos años de un religioso judío, Lundius, Reik interpreta el manto ritual de los judíos como representando el animal totémico, porque según aquel autor, del tefilin de la cabeza debe sobresalir un pelo de cabra, en recuerdo de la vaca bermeja que cargó con los pecados del pueblo elegido.
Stock da nuevas pruebas de esta afirmación, citando textos sagrados, y además traza paralelos entre la vaca bermeja y el becerro de oro y lanza hipótesis de que, al no poder ser vencido totalmente el primitivo totemismo judío, se dejó un resto pequeño de él, en forma del pelo citado, en el nuevo aspecto del culto, para tenerlo dominado y al mismo tiempo permitir una cierta descarga de lo que debía ser reprimido. Enumera finalmente otros animales totémicos de los judíos que fueron la serpiente, el buey y el camello. Araón, que fundó el becerro de oro (Ex. 32), revivió el totem y la regresión al culto totémico, pero su culpa la expió, con el sacrificio de dicho animal.
Garma.