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Sic semper tyrannis fueron las palabras que pronunció Bruto cuando mató a Julio César. En las armas del Estado de Virginia, patria de Booth, figuran dichas palabras, y estas mismas palabras las repitió Booth después de asesinar a Abraham Lincoln. La identificación de Booth con el personaje romano resulta aún más patente teniendo en cuenta que el segundo nombre de su padre fué también el de Bruto.
En la niñez Booth fué muy mimado por su madre y hermana. En cambio,
el padre fué un individuo dominante y agresivo; en su carrera de actor teatral tuvo grandes éxitos que el hijo nunca pudo alcanzar. El asesinato de Lincoln fué un acto paranoico que realizó Booth para librarse de la sugestión paterna.
Matando a Lincoln, al hombre que como César “había querido ser Rey”, Booth pretendió liberar al Sur de los Estados Unidos, que había perdido la guerra de la Secesión. Simbólicamente el Sur, su patria oprimida, representaba para él la madre sometida al padre. La frase que pronunció antes de fallecer: “madre, muero por mi patria”, tiene el sentido oculto de “madre, por ti he matado a mi padre”.
Un determinante más pudo ser un sueño que tuvo la madre de Booth, poco después de nacer éste, y en el que ella le veía cometiendo un crimen terrible y pereciendo de una manera trágica. Repetidas veces la madre narró públicamente el sueño, aunque con el pretexto de ridiculizarlo.
Booth mató al hombre que fué el actor (padre) más importante de la escena política norteamericana, durante esos años de lucha. Y lo mató en un teatro, en el que su propio padre había conseguido éxitos clamorosos. Con su acto criminal se convirtió él, a su vez, en el hombre más importante.
Garma.