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Siendo la piel el órgano sobre el cual se expresan con mayor objetividad las distintas situaciones emocionales trayendo como consecuencia alteraciones de la irrigación, humedad, temperatura, erectibilidad de los pelos, etc., resulta extraño que los dermatólogos, en general, hayan tenido una gran resistencia a considerar los factores psicogenéticos en las dermatopatías. Este rechazo, está, sin duda, vinculado a factores inconscientes; es muy posible que el problema gire alrededor de lo sucio y su equivalente en lo moral para la personalidad del dermatólogo. Sin embargo, como veremos después, al revisar los trabajos psicosomáticos sobre el tema, esta posibilidad, es decir, el origen psicogénico de perturbaciones de la piel había sido ya considerada desde la antigüedad; los eczemas, las verrugas, las alteraciones del cabello y otras afecciones fueron sin duda observadas por los dermatólogos, y obedecían a causas psíquicas o susceptibles de un tratamiento psicoterápico.
Dentro de la dermatología actual, Sulzberger, en su libro sobre Alergia dermatológica niega el factor psicogenético, si bien considera las consecuencias psicológicas o repercusiones de las afecciones de la piel sobre la personalidad y conducta de dichos enfermos.
El punto de vista más revolucionario en dermatología es el