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En una comunicación previa (18), diferenciamos del resto del sueño una estructura especial, la pantalla del sueño, y la definimos como la superficie en blanco sobre la que se proyecta el sueño. El término fué sugerido por las películas cinematográficas, porque de la misma manera que en ellas, el espectador y soñante no nota la pantalla del sueño o la ignora debido al interés que le provoca lo que aparece en la misma.
Sin embargo, en ciertas circunstancias la pantalla desempeña un papel y se torna perceptible, pasando a modificar lo que se denomina el contenido manifiesto del sueño.
Desde los estudios de Freud (9), sabemos que las peculiaridades del contenido manifiesto pueden originarse en el contenido latente. La pantalla del sueño sigue esta regla; tiene un significado preciso y, dada su reconocida ubicuidad, no sorprende que éste sea general. La pantalla del sueño representa el “dormir” en sí; es el elemento del sueño que significa el cumplimiento del deseo de dormir, que Freud considera responsable de todo sueño. También representa el pecho materno, habitualmente aplanado, como debe percibirlo el lactante mientras se duerme. Parece constituir el equivalente o la continuación, en el sueño, del seno alucinado en ciertos estados hipnagógicos, que se observan ocasionalmente en los adultos. (Isakower [16].)
Según M. J. Eisler (5), cada vez que nos dormimos se repiten psicológicamente los acontecimientos que tienen lugar en el niño cuando se duerme luego de tomar el pecho. Por tanto, la pantalla en blanco se aproximaría al estado mental del lactante durante el sueño. El sueño prototípico sería visualmente en blanco, consistiendo sólo en la pantalla, o sea, en la superficie aplanada del pecho recientemente succionado (o su equivalente),