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El autor hace un estudio del folklore europeo acerca de los cantos de las sirenas. Halla estas características generales de las sirenas o espíritus del agua: son bellas y peinan sus largas cabelleras mientras cantan hermosas canciones o hacen ruidos rítmicos que resultan irresistibles y fascinadores a todo sujeto que los oye; pero a la vez aterran, pues el sujeto siente la imposibilidad de movimiento para escapar de estos espíritus que lo atraen, y luego, convertidos ya en monstruos con múltiples atributos fálicos, lo atacan y lo matan.
Se apoya el autor en datos de la mitología para señalar la analogía de esta situación con los sueños de coito en los cuales el soñante desempeña un papel pasivo; y de ahí la pesadilla.
Halla elementos voyeurísticos en el cuadro, pues las sirenas atraen por su belleza; generalmente están desnudas y poseen hermosos senos.
Destaca, en síntesis, que los espíritus del agua se derivan de sueños de excitación uretral, que suelen ser sueños de coito. La angustia convierte el sueño de coito con la madre (o el padre) en una pesadilla, que es una repetición de la escena primaria con el soñador en el papel pasivo.
El canto irresistible de las sirenas viene a ser tanto el arrullo de la madre como el ruido que los padres hacen en la escena primaria y la fascinación es la que siente el niño al oír o ver a sus padres en la copulación.
Las leyendas son seguramente sueños que han sido conservados por la tradición; pero la atracción del agua no sólo podría explicarse por la teoría de regresión de Ferenczi sino, como sugiere el autor, por un enamoramiento narcisístico, siendo el espíritu del agua el yo desdoblado; y también por el deseo de volver a la unidad dual con la madre, o a la muerte.
Elisabeth Goode.