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El concepto “complejo de castración” (2), que llegó a tener una cierta popularidad, fué creado por el psicoanálisis. Al principio su aplicación se limitó al sexo masculino y fué empleado para designar genéticamente un grupo importante de manifestaciones que el psicoanálisis descubrió en la vida psíquica de los hombres. La comprensión obtenida a través del estudio realizado sobre los hombres, permitió al analista hacer observaciones sobre mujeres y pronto se hizo evidente que el nuevo término podía ser empleado provechosamente en la psicología femenina. Un numeroso material justificando la extensión del término, fué admirablemente presentado y resumido por Abraham (3) en 1921, en un estudio clásico del complejo de castración en las mujeres y que no es necesario repetir aquí. Las manifestaciones en cuestión eran ideas y fantasías, cargadas de fuertes emociones, que revelaron angustia por la falta de pene, el deseo de poseerlo, el perjuicio que implica el ser mujer, el deseo de ser hombre,