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La productibilidad de las neurosis durante un curso de tratamiento psicoanalítico, está lejos de hallarse extinguida. Por lo contrario, ella se manifiesta en la creación de una especie peculiar de formación intelectual, en su mayor parte inconsciente, a la que puede darse el nombre de “transferencia”.
“Estas transferencias constituyen reimpresiones y reproducciones de las emociones y fantasías que deben ser reavivadas y traídas a la consciencia en el curso del análisis, y se caracterizan por la substitución por el médico de las personas anteriores.”
Con estas palabras Freud anunció, en la magistral interpretación de un caso de histeria (1), uno de sus descubrimientos más importantes.
Quienquiera que desde entonces, siguiendo las indicaciones de Freud, haya tratado de investigar psicoanalíticamente la vida mental de los neuróticos, debe haberse convencido de la verdad de esta observación. Las dificultades mayores de tal análisis, a decir verdad, provienen de la notable peculiaridad de los neuróticos quienes, “con el fin de eludir la introvisión de su propio inconsciente, transfieren al médico que los está tratando todos sus afectos (odio, amor), que han recibido un refuerzo desde el inconsciente (2)”.
Sin embargo, cuando nos familiarizamos mejor con los procesos de la mente neurótica, reconocemos que la inclinación a la transferencia del psiconeurótico no sólo se expresa en el caso