You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
En un libro, con capítulos hasta ahora inéditos y otros reproducciones de artículos anteriores, el autor se preocupa del problema de la conciencia normal y morbosa. Ante todo del origen de la conciencia, por introyección de los educadores, pero no tal como éstos fueron realmente, sino como el niño los vió a través de sus mecanismos de proyección. Sus exigencias introyectadas, más los restos de la creencia infantil en la propia omnipotencia constituyen aquella parte de la conciencia denominada “yo ideal”.
Pero en la conciencia, según el autor, hay que distinguir otra instancia más. Es el “daimonio”, siguiendo la denominación de Sócrates para un pretendido espíritu maligno que actuaría dentro del individuo. El yo ideal es un intento de vencer el instinto de la muerte proyectándolo en objetos exteriores; luego el yo se ve obligado a introyectar ese objeto y lo carga mediante cargas eróticas, en una identificación. La energía del instinto de la muerte, que no ha podido ser elaborada de ese modo, da origen al daimonio. Este actúa dentro del individuo torturándole, al mostrarle la discrepancia entre su yo ideal, que él mismo ha erigido, y su situación real, lo que origina el sentimiento de culpabilidad.
El sentimiento de culpabilidad inconsciente es elaborado de diversos modos. Por ejemplo, a través de un soborno del superyó, mediante el sufrimiento neurótico.
El autor afirma que los síntomas neuróticos no son una consecuencia de la doble actuación de deseos y prohibiciones inconscientes, sino que satisfacen solamente la defensa contra deseos, porque en ellos la conciencia tiene un papel predominante. Piensa que todo síntoma neurótico tiene una estructura en tres capas: 1) Presentación de un deseo inconsciente; 2) protesta del superyó y creación de un mecanismo de defensa; 3) nueva protesta del superyó contra la defensa y nueva creación de otros mecanismos de defensa, siendo éste el síntoma neurótico. Como ilustración cita el caso de un neurótico obsesivo, con ideas de muert