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Este libro no está escrito con criterio psicoanalítico; sin embargo, nos pareció útil reseñarlo aquí, por traer datos psicológicos de una cultura ajena a la nuestra, que arrojan cierta luz sobre problemas muy discutidos en las publicaciones psicoanalíticas. La autora resumió en este libro sus observaciones y experiencias hechas durante varios viajes de exploración a Samoa. Fué allá, porque le había parecido, que los conflictos que se presentan en la vida de la niña norteamericana durante su pubertad, no eran tanto causados por factores biológicos, sino ambientales y quiso saber, si se presentarían y en qué forma en una cultura totalmente distinta. Este mismo enfoque de sus investigaciones nos permitió extraer datos útiles a la discusión psicoanalítica, de que la mujer rechace primariamente su femineidad y se adapte solamente después de pasar por una época conflictual a ella o si, bajo otras circunstancias ambientales, podría aceptarla con la misma facilidad relativa, con la cual el hombre acepta su sexo. El libro de Margaret Mead nos parece traer argumentos favorables a la segunda tesis.
Ella no utilizó una técnica de investigación psicoanalítica, ni observó las reacciones de las niñas muy pequeñas. Pero estaba en contacto íntimo y de mucha confianza con todas las niñas y mujeres jóvenes de tres aldeas, llegando, entre otras, a la conclusión, de que no existe frigidez entre las samoanas. Como la frigidez es muy frecuente en nuestra sociedad —algunas estadísticas hablan del 75 a 80 %— y es un indicio evidente de un conflicto de la mujer y de la desconformidad con su sexo, debemos suponer que entre las samoanas este rechazo no existe. Esta suposición queda afirmada por otros hechos, expuestos por la autora, que no podemos detallar aquí. En general M. Mead sostiene haber visto un número ínfimo de sujetos neuróticos, y es interesante observar que a través del material expuesto la única niña que demostraba desconformidad con su sexo y envidia del pene estaba entre las tre