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Previo un prolijo estudio clínico destinado a descartar causas orgánicas, los autores seleccionaron varios centenares de pacientes afectados de cefaleas crónicas a los que les hicieron psicoterapia con y sin el agregado de medicamentos y algunos otros tipos de terapéuticas no psiquiátricas. Hacen una reseña de los principales factores hallados y refieren sucintamente varios casos en relación.
Destacan fundamentalmente como causas frecuentes: la agresividad reprimida, luego pacientes en los que el síntoma responde a un mecanismo de conversión de tipo histérico, luego los casos de masoquistas con sus necesidades de sufrimiento y castigo, otros en los que el síntoma es la manifestación hiponcondríaca de una psicosis incipiente, y finalmente los que obtienen un beneficio secundario de la enfermedad.
Referente al tratamiento, discurren sobre los argumentos que se les pueden suministrar a los pacientes para que acepten la psicoterapia sin mayores resistencias. En el curso de la misma el factor más importante es la transferencia, y aunque rara vez se aluda a ella en este tipo de terapia, nunca debe ser ignorada por el médico tratante. Aun en los casos en que no se hace psicoterapia se observa que los resultados obtenidos dependen en gran parte del efecto psicológico de las circunstancias del tratamiento sobre el paciente, entre las cuales por supuesto la más importante se basa en el tipo de relación emocional con el médico. Citan algunos casos de tratamiento ambiental en los que obtuvieron éxito. Consideran los casos presentados como suficientemente elocuentes de las ventajas obtenibles mediante la exposición y discusión de los conflictos emocionales parcial o totalmente inconscientes con una persona que no asuma una actitud crítica.
Weil.