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Este libro merece el adjetivo de “personal” en más de un sentido. Es personal en cuanto está escrito con gran frescura y contiene una cantidad muy considerable de pensamiento original. Es personal, sin embargo, también en cuanto expresa, evidentemente, la necesidad del autor de rebelarse contra el mundo conceptual en que fué educado. Este último personalismo es lamentable. La contribución positiva del autor habría podido ser hecha sin aspirar a una “revisión de la teoría y del método de Freud”, hecha con el lema implícito: “Ote toi que je m'y mette”. Esto habría evitado mucha polémica innecesaria y habría hecho más fácil el acceso a lo que hay de fecundo y original en el libro. Y es tanto más justificada esta observación por cuanto el autor polemiza muchas veces contra conceptos que nunca fueron expresados en la forma vulnerable