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Un hombre de 62 años, después de una operación por úlcera duodenal perforada, entra en un estado de depresión. Ya anteriormente había sufrido de estados depresivos, con síntomas digestivos parecidos a los de la última ocasión, de ataques biliosos y constipación, debidos probablemente a la misma úlcera, a los 22, 46 y 55 años.
En su estado actual se sentía triste y se quejaba de “ver caras”. Se preocupaba además por obligaciones triviales y tenía recuerdos obsesionantes sobre hechos indiferentes de su infancia. Fué tratado con bencedrina y psíquicamente con 7 entrevistas de psicoterapia, realizadas en intervalos de una semana o más.
Se interpreto su enfermedad como un caso maníacodepresivo en una persona obsesiva. Su ciclo evolucionaba en tres fases: en la llamada normal era obsesivo en su conducta, de humor mordaz, con la sublimación de ser un buen flautista. Diez o 12 años después se presentaba una segunda fase con síntomas anales prohibitivos, de constipación intensa, y orales de rechazo, en forma de vómitos persistentes; psíquicamente perdía su sociabilidad, humor, y dejaba la música. Hay datos para suponer que en cada una de estas fases se presentaba la úlcera, que pasaba inadvertida y luego se curaba.
Venía luego la tercera fase, con depresión, en vez del rchazo oral, y obsesiones, en vez de las prohibiciones anales. Las imágenes de “caras” que se le imponían, debían de ser las de su madre, amante y acusadora a la vez. La depresión significaba un rechazo de buenas ideas, así como el vomitar de la segunda fase era un rechazo de buenos alimentos. La obsesión era la prohibición de la descarga mental y la constipación de la descarga física. Por otra parte, es posible que “ver caras”, significase ver la “caca” (faces-faeces) con la madre prohibiéndole sus intereses anales.
En la fase depresiva la agresión del sujeto se dirigía contra sí mismo, en forma de pesadumbre. También en la fase de vómitos y estreñimiento se dirigía contra él, pero para provocarse una ulceración