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La infibulación. El interés por la infibulación, es decir la “circuncisión” de las niñas fué lo que determinó principalmente al autor a realizar un viaje de investigación al pueblo de los somalíes, en el nordeste de Africa. La costumbre de la infibulación consiste allí en extirpar el clitoris y una parte de los labios, y coser luego la herida; se realiza generalmente alrededor de los siete años
de edad. En la noche de bodas el genital femenino es dos veces abierto: primero las puntadas (con un cuchillo) y luego (en el acto sexual) el himen. La infibulación logra un redoblamiento del himen. La virginidad parece pues tener gran importancia para el hombre. Según algunos mitos, esto significaría un rechazo de la mujer que ha dado a luz, y en última instancia, un rechazo (o negación) de la madre (defensa contra la castración por el incesto). La extirpación del clitoris, es decir del pene de la mujer y su órgano homosexual tiene, en un primer plano, probablemente el significado de prepararla para la vida héterosexual.
El coito de los somalíes se caracteriza por un intenso sadismo. El hombre está en cuclillas y penetra tan profundamente que suele lastimar a la mujer. Esta es más bien violada que amada por el hombre y es a menudo insatisfecha. La potencia del hombre es frecuentemente disminuida por angustia de castración. El hecho de que, en el coito, no se hallen unidos los cuerpos sino tan sólo los genitales, señala la escasa carga afectiva de objeto; la mujer es solamente parte genital, el pene es un arma. La posición psicosexual de los hombres somalíes, es pues fálicosádica, con una catexis desmesurada del propio miembro.
Sadismo, masoquismo y erotismo anal. Es probable que no exista la perversión sádica y masoquística. Esto debe tener su causa en que “en una sociedad en que el hombre, en la noche de bodas, abre a su mujer con el cuchillo, cohabita con ella mientras sangra y sufre terribles dolores, tiene siempre el látigo en la mano, etc., el sadismo no puede llegar a