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Para nuestra cultura la maternidad es algo sagrado. Esta común veneración se refleja en nuestro lenguaje familiar con expresiones típicas como ésta: “Mi madre es una santa”. Quienes no han tenido la desgracia de una madre realmente mala y perversa, la quieren entrañablemente y aún aquellos cuya madre no ha sido buena, no se atreven a admitirlo y la idealizan.
Sin embargo, el psicoanálisis, especialmente la “escuela inglesa”, ha demostrado que todos llevamos dentro de nosotros, al lado de la imagen de una madre buena, otra terrorífica, de una madre que mata, destruye y se come al niño. Intentaremos demostrarlo utilizando material tomado de la psicopatología cotidiana. Se trata de un rumor que se difundió hace poco por Buenos Aires y estaba en boca de todos, transmitiéndose por los sirvientes, los choferes de taxi y los peluqueros con suma velocidad (2).
Se trata pues, de algo que se podría llamar un “mito moderno”. Tomamos esta expresión del libro Mitos de Guerra, de Marie Bonaparte (3). En él la autora describe cómo la situación psicológica colectiva creada por la segunda guerra mundial hizo surgir rumores persistentes que adquirieron una rápida difusión oral. El análisis de sus contenidos latentes demostró que sirven para elaborar en forma disfrazada situaciones de angustia colectiva