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Claudia fué una niña deseada por los padres. El embarazo y el parto fueron normales y la madre la crió hasta los seis meses, época en que la niña abandonó voluntariamente el seno. Este rechazo del seno se debió al reforzamiento del sadismo oral y coincidió con el comienzo de la dentición. Si la niña se alejó del seno de la madre fué para no destruirlo, del mismo modo que más tarde rechazó la carne que debía triturar con los dientes. A los 4 meses se le dió el primer biberón que fué bien recibido por la niña y a los 5 meses y medio por consejo del pediatra que la atendía comenzaron a darle papillas y jugos de frutas, no presentándose dificultades ante los nuevos alimentos. La dentición se inició a los 6 meses y prosperó sin trastornos. El aprendizaje del control de esfínteres comenzó a los 8 meses y ya a los 10 meses había conseguido un control diurno bastante estable. No manifestó rechazo del orinal.
El sueño fué siempre algo intranquilo; tuvo algunas crisis de pavor nocturno y en algunas épocas tuvo dificultad para conciliar el sueño. Solamente recuerda la madre algunos episodios aislados de pavor nocturno y algunas dificultades para conciliar el sueño. Ambos síntomas están relacionados con un incremento de las tendencias destructivas. Hasta los 10 meses Claudia se había desarrollado bien, sin presentar otras dificultades que las que surgen normalmente de la crianza de una niña sana de esa edad y algunos trastornos del sueño. Era alegre y activa, comía bien y sus padres no tenían dificultades con ella.
Entre los 10 y 11 meses, coincidiendo con un nuevo embarazo