You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
La autora describe algunas situaciones infantiles de angustia típicas y sus conexiones con el complejo de Edipo. Lo hace también con el objeto de comparar sus conclusiones con las de Freud.
Se apoya en extractos de sesiones de análisis de un niño de 10 años y una niña de 2 años y 9 meses. Los dos niños ostentaban como rasgos comunes enérgicos impulsos oral-sádicos, demasiada ansiedad y culpabilidad, y una capacidad inferior del yo para tolerar angustia.
En un sumario ulterior, da una visión general de estos problemas. Señala cómo al principio de la vida la libido está unida con la agresividad. El complejo de Edipo empieza en el primer año de vida. La gratificación obtenida en el pecho permite al niño empujar sus deseos hacia nuevos objetos, ante todo hacia el padre. Pero tal reacción recibe un ímpetu especial por la frustración de la relación del niño con el pecho. Para sobrellevar la frustración, el niño tiende a idealizar el pecho y a la madre buena y a intensificar el odio al padre y a la madre mala.
Estas últimas actitudes conflictuales son trasladadas a la nueva relación con el pene paterno. El desengaño experimentado en el pene hace volver al primer objeto. Los deseos agresivos reforzados por la frustración convierten los objetos en figuras injuriadas y vengativas, con lo que el niño siente la necesidad de poseer un objeto querido y que le quiera.
El niño introyecta sus objetos. Las imagos primarias tienen su contraparte en el mundo interior y forman así el núcleo del super-yo. Los objetos interiores a su vez son proyectados, estableciéndose una constante fluctuación entre objetos interiores y externos.
En ambos sexos existe un conocimiento inconsciente de la existencia del pene y de la vagina.
La “posición depresiva” es la central en el desarrollo temprano. Este temor del niño a la pérdida de sus objetos queridos, como consecuencia de su odio y agresión, entra desde el primer momento a conformar su relación edípica. El niño siente urgencia de reparar los objetos. L