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Señala Hoffer la necesidad de apoyar las hipótesis acerca de las primeras etapas del desarrollo del niño, sobre todo con respecto a la integración del yo, con observaciones directas de la conducta del niño muy pequeño. Está de acuerdo con Hartmann, Kris y Loewenstein, en que el yo empieza a diferenciarse del ello mediante la succión de los dedos. Este acto autoerótico representa
un placer oral y otro táctil, y se produce como un acto de autoerotismo, y no simplemente como un acto reflejo, sólo a los tres meses de edad.
Señala el autor cómo el niño insiste en el chupeteo de los dedos, independientemente de la sensación de hambre, y explica la importancia de la mano como instrumento de percepción del mundo exterior. Ya que en su primer año el niño pone todo lo que encuentra en su boca con la mano, toda la experiencia que tiene del mundo que le rodea se debe a la relación mano-boca. Puede decirse entonces que todo el concepto que tiene el niño del mundo exterior y de su propio cuerpo es oral-táctil, y que de acuerdo con este concepto oral-táctil regula sus impulsos eróticos y agresivos.
Elisabeth Goode