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La autora llama la atención sobre la función de la mucosa bucal como intermediaria entre el mundo externo y el interno.
Nos dice que en un primer momento la succión es una tendencia, hasta el momento en que el contacto con el pecho se hace con los labios, la lengua y el paladar: entonces aparece el apetito.
Cuando la succión es más fácil y gratificadora, los ojos se abren y convergen en el pecho. Luego ya orienta los ojos hacia la voz de la madre, y a los tres meses ya coordina movimientos.