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La liberación del adolescente de la autoridad de sus padres es una de las consecuencias más necesarias, pero también más dolorosas de su evolución. Es absolutamente imprescindible que se lleve a cabo y puede aceptarse que todo hombre llegado a la normalidad ha debido cumplirla en algún momento y en alguna medida. El progreso de la sociedad misma se basa esencialmente en esta contradicción entre ambas generaciones. Por otra parte, existe una categoría de enfermos neuróticos en cuyo estado puede reconocerse el fracaso de esta evolución.
Para el niño pequeño los padres son, ante todo, la única autoridad y la fuente de toda fe. En estos años infantiles, el deseo más intenso y más lleno de consecuencias es el de parecerse a ellos, principalmente al padre del mismo sexo, y de ser grande como el padre y la madre. En el curso del progresivo desarrollo intelectual, indefectiblemente el niño reconoce poco a poco las categorías a las cuales pertenecen sus padres. Conoce a otros, los compara con los propios, y adquiere así el derecho de dudar del carácter incomparable y singular que les había adjudicado. Pequeñas experiencias de la vida infantil, que despiertan en él cierta disconformidad, le inducen a iniciar la crítica de los padres y a utilizar en este antagonismo el conocimiento adquirido de que otros padres son preferibles en múltiples sentidos. La psicología de los neuróticos nos ha enseñado que en este proceso intervienen, entre otros factores, los más intensos impulsos de rivalidad sexual. El tema de estas motivaciones es, seguramente, el sentimiento del menosprecio. Son frecuentísimas las ocasiones en las cuales el niño es menospreciado o, por lo menos, se siente menospreciado, y en las que echa de menos el pleno amor de los padres, particularmente cuando siente con dolor que debe compartirlo con otros hermanos. La sensación de que las propias tendencias cariñosas no reciben