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Entre las víctimas, felizmente poco numerosas, que la guerra arrebató a las filas de los psicoanalistas, también debemos contar a este psiquiatra vienés de extraordinario talento, que eligió la muerte voluntaria aun antes de que se sellara la paz.
El doctor Tausk, que sólo contaba cuarenta y dos años, pertenecía desde más de un decenio al círculo íntimo de los prosélitos de Freud. Jurista de profesión, el doctor Tausk ya había actuado durante cierto tiempo como juez, en Bosnia, cuando, bajo la impresión de graves vivencias personales, abandonó su carrera y se dedicó al periodismo, para el cual le capacitaba especialmente su amplia cultura general. Luego de haber actuado durante largo tiempo como periodista en Berlín, vino en calidad de tal a Viena, donde trabó conocimiento con el psicoanálisis, decidiendo poco después dedicarse al mismo. Siendo ya un hombre maduro y padre de familia, no vaciló ante las grandes dificultades y sacrificios que comportaba el nuevo cambio de profesión, necesariamente acompañado de varios años de paréntesis en su actividad remunerada, pues el largo estudio de la medicina sólo había de ser, para él, un recurso que le permitiera ejercer prácticamente el psicoanálisis.
Poco antes de estallar la guerra mundial el doctor Tausk había ganado su segundo doctorado y se estableció, como psiquiatra, en Viena, donde en plazo relativamente breve comenzó a formarse un apreciable grupo de pacientes, en quienes obtenía hermosos éxitos. De esta actividad, que prometía al joven y ambicioso médico plena satisfacción y posibilidades de subsistencia, le arrancó repentina y violentamente la guerra. Incorporado a filas inmediatamente, el doctor Tausk pronto ascendió al cargo de médico jefe y cumplió con abnegación sus deberes de médico militar, en los distintos teatros de guerra del norte y de los Balcanes (por último, en Belgrado), ganando por ello también el aprecio oficial. Como mérito especial, cabe destacar aquí que durante la guerra el doctor Tausk se opuso