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El autor refiere la visita que efectuó a Freud en 1936, cuando éste contaba 80 años de edad. En aquella época, ya era muy difícil verlo, influyendo para ello no sólo su avanzada edad, sino también la gran cantidad de personas que querían obtener tal privilegio. Mediante la valiosa cooperación de Anna Freud, Ernst Simmel y del doctor Marburg, la entrevista pudo ser efectuada.
A través de Simmel, ya conocía Freud el trabajo de la Menninger Clinic y había hallado en él gran similitud con el de la Clínica Tegel, de Berlín, en la cual Freud había estado tan interesado.
Knight nos describe cómo vió a Freud: “de armoniosa figura… su cabello y su barba eran blancos, pero su piel no tenía arrugas; su marcha sólida, su expresión alerta y sus facultades íntegras. A pesar de su avanzada edad, aún tenía cuatro entrevistas diarias, siendo además un activo colaborador de la literatura psicoanalítica. Me recibió en un cordial inglés, su voz sonaba suave, aun cuando su esfuerzo al hablar resultaba obvio.” Efectivamente, pocos días antes había sido intervenido quirúrgicamente en su garganta. Posteriormente, se refirió al trabajo que se efectuaba en la Menninger Clinic en términos elogiosos
El sentido del humor —característica sobresaliente del viejo maestro—, era, como siempre lo había sido, muy fino.
Después de treinta minutos de amable charla, durante los cuales mostró orgullosamente a su visitante su jardín y sus objetos de arte, se despidió de él así: “Cuando vuelva usted a Viena —si aún existo— espero que me venga a ver otra vez.”
Jorge Mom.