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Considera el autor que ha sido punto de mira de Freud buscar principios fundamentales en el psicoanálisis, y luego el desarrollo de este objetivo a partir de la formulación del principio del placer-displacer como fundamental de la actividad psíquica inconsciente, es decir, la tendencia a buscar el placer y evitar el displacer.
Posteriormente describió el principio de realidad que gobierna ciertos procesos conscientes, por el cual la gratificación de las tendencias se pospone, se renuncia a ciertos placeres y se tolera un cierto grado de displacer. El primer principio sería característico de los instintos sexuales y el segundo de los instintos del yo o de conservación.
Equiparó luego Freud sus conceptos de placer-displacer con los de estabilidad e inestabilidad de Fechner, quien había observado previamente una relación del placer con la primera y del displacer con la segunda, aunque la meta de la completa estabilidad con frecuencia sólo aproximadamente se alcanza; con esto encajaba el principio de la realidad en el del placer.
Después, dentro de los procesos psicobiológicos, percibió una dualidad de instintos representada por Eros, de una parte, e instinto de muerte, de otra. En los procesos psicológicos vió estos dos elementos en conflicto y representados aproximadamente, Eros por los instintos sexuales y Tánatos por los instintos del yo descrito.
Pero se encuentra que el Eros trae perturbaciones en la carrera de placer del organismo vivo y que el principio del placer está al servicio de los instintos de muerte; ante estas afirmaciones el problema sel complica y Freud se ve finalmente obligado a postular tres principios: el principio del placer “como vigilante de nuestras vidas”, para que no sea del todo abandonado; el principio del Nirvana, como tendencia al reposo absoluto; y el de la realidad como representante del mundo exterior. Estos tres principios tendrían de común el que tienden a preservar una condición constante. Hace notar que a este respecto Freud admite qu