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Este discurso fué pronunciado en Nueva York el 6 de mayo de 1931. A pesar de lo que el mundo pueda pensar acerca de las contribuciones que Freud ha hecho a la ciencia, dice el autor, nadie puede negar la enorme importancia que ha tenido en el pensamiento moderno. El efecto que sobre todos los aspectos del conocimiento tiene el psicoanálisis, coloca a Freud entre los grandes pensadores de todos los tiempos. Freud limitó el individualismo, demostrando que todos estamos estructurados sobre un mismo plan. Como Copérnico y Darwin, destruyó nuevamente nuestra sensación de seguridad, haciéndonos abandonar la creencia en nuestra autodeterminación. El mundo de ideas en el que vivimos no fué el mismo después de Copérnico, fué nuevamente revolucionado por Darwin y será nuevamente distinto después de Freud.
El individuo se siente ahora como una parte infinitamente pequeña del universo v participa de su significado y de sus posibilidades.
Nuestro egotismo ha sido tratado severamente en el pasado y nos hemos hecho cada vez más pequeños e insignificantes y lo seremos hasta que nuestra transitoriedad y nuestra insignificancia sean realmente capaces de expresión en términos que la hagan comprensibles. Si en algunos aspectos hemos sido limitados hasta un punto en que casi hemos dejado de existir, en otro sentido nos hemos expandido desde el momento en que sentimos el universo.
Freud ha aportado al conocimiento de la estructura y de las funciones de la mente una concepción totalmente nueva de la más alta significación, que ha herido nuestro narcisismo. El autor termina diciendo, con Havelock Ellis, que cuando un gran hombre tiene que luchar solo contra el mundo, es siempre el mundo quien pierde.
L. G. de Álvarez de Toledo.