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Lo atinente al esclarecimiento de los términos es impopular entre los psicoanalistas y raro en los trabajos psicoanalíticos. Esto se debe en parte al ejemplo de Freud. Al gran explorador difícilmente le interesa la semántica y cierta inconsecuencia en el uso de las palabras bien puede considerarse la prerrogativa del genio1. Es distinto cuando una generación o dos de hombres de ciencia asume similar prerrogativa; entonces el intercambio científico tiende a perturbarse y el debate a resolverse en soliloquios de individuos o grupos. Estas últimas circunstancias parecen prevalecer en trabajos psicoanalíticos recientes y el esclarecimiento de la terminología bien podría ser uno de los medios de contrarrestarlas.
El psicoanálisis se desarrolló bajo condiciones sociales desacostumbradas en la ciencia. En todas partes, pequeños equipos de profesionales particulares formaron los núcleos de grupos profesionales más grandes. Durante los primeros tiempos del trabajo en equipo, las comunicaciones escritas fueron complementadas en tal medida por el contacto personal en escala internacional—principalmente por análisis didácticos con los pocos instructores existentes—que la comprensión mutua no se vió obstaculizada por incertidumbres de terminología. Con el aumento del número de psicoanalistas esta situación estaba destinada a cambiar. La situación imperante en 1940 difícilmente recuerda al período de primitivo trabajo en equipo; grandes grupos de psicoanalistas trabajan con muy poco contacto entre ellos, y la difusión de los conceptos psicoanalíticos en la psiquiatría, su extensión a la medicina psicosomática, al trabajo social y a varias técnicas educacionales y psicológicas, descubren nuevas perspectivas de desarrollo. Cada paso en este desarrollo, cada nuevo contexto en el cual se prueban o usan las proposiciones psicoana-líricas,