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El fin del trabajo es tratar de demostrar que el acto físico de hablar —considerado en este caso como una fase particular del proceso total de la “verbalización”— puede precipitar la liberación de una cantidad del afecto regresivo colateral de la ideación reprimida, y que tal liberación está entre las causas de falla del mantenimiento de la represión.
La conclusión que se delinea de esta proposición es que la función placentera-fisiológica del hablar es terapéuticamente activa y, desde que la liberación del afecto depende de la descarga instintiva, una teoría de la “regla analítica” debe explicar sus efectos erotogenéticos. La represión es exitosa sólo mientras el afecto colateral de la ideación reprimida es suprimido.
Las primeras descripciones analíticas del hablar “per se”, como un medio de descargar afectos, fueron las efectuadas por Abraham, quien en su Contributions of oral erotism to caracter-formation escribía: “El deseo de algunos sujetos de experimentar gratificación por medio de la succión se ha transformado en una necesidad de dar por medio de la boca; es así que se encuentran en ellos al lado de un constante deseo de obtener todo, una perpetua necesidad de comunicarse oralmente con los demás…” Igualmente encuentra con cierta frecuencia, una exagerada necesidad neurótica de orinar, necesidad que a menudo se manifiesta acompañada de una explosión de palabras, que si no es simultánea aparece a continuación.
Sharpe, en Problemas psico-físicos revelados en el lenguaje, observa: “Cuando el yo estabiliza los esfuerzos del control corporal y lo hace automático, las emociones de cólera y placer que hasta ese momento acompañaban las descargas corporales deben ser expresadas por otras vías. Al mismo tiempo que el control esfinteriano sobre el ano y la uretra se está estableciendo, el niño va adquiriendo el poder del lenguaje, y así esta avenida de “outerance” presente desde el nacimiento adquiere una enorme importancia”.
La descarga de la sensación de tensión, cuan