You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Entre los papeles póstumos de Freud se encontró un proyecto carta al autor de la narración novelada sobre José, Thomas Mann, en la que describe como posible que la vida del citado patriarca hebreo haya servido de modelo a Napoleón I.
Como José, Napoleón tenía muchos hermanos, de los que era el segundo. El hermano mayor de Napoleón se llamaba José. Según la costumbre corsa, a él debían pasar todos los derechos familiares, en detrimento de los hermanos. Esto debió acentuar la natural rivalidad infantil que Napoleón sintió hacia el que fué su primogénito. Pero como frecuentemente ocurre en tales casos, el inicial odio intenso al hermano se transformó en lo contrario, en un amor intenso que Napoleón demostró luego al hermano, el que, por otra parte, fué poco digno de él.
Napoleón tenía también una fijación en la madre. Quiere sustituir al padre muerto precozmente en el cuidado de sus hermanos. Llegado a general, por su misma fijación materna se casa con una viuda de más edad y de más alcurnia. Además, se llama Josefina, y este nombre permite la transferencia del cariño primeramente dirigido al hermano mayor, y explica el amor hacia ella, a pesar de su mala conducta.
El amor a Josefina no significa todavía una identificación con José. Ésta se hace intensa durante la expedición a Egipto que, careciendo de fundamentos políticos, sólo puede ser considerada como “la racionalización forzada de una idea fantástica”.
La intención que le llevó a Egipto la realizó luego en Europa elevando al rango de reyes y príncipes a sus hermanos. Pero más tarde Napoleón abandona su idea mítica, se divorcia de Josefina, con lo que inicia su propia autodestrucción.
Garma